Cabrera de Mar es una población que no ha perdido el carácter agrícola y tiene una importante implantación industrial que se complementa con el de segunda residencia y centro de veraneo. El pueblo está presidido por la Iglesia de Sant Feliu, que procede del siglo XVI y de estilo gótico tardío. Una playa de más de dos kilómetros, alejada del pueblo, forma el frente marítimo. Las ruinas del Castell de Burriac (siglos XII-XV), del que todavía se puede apreciar la torre de base circular en la cima de un montículo de 400 metros de altura, resultan emblemáticos para el municipio y todo el Maresme.