Es, sin duda, una de las ciudades alemanas más atractivas para el turista. Rodeada de los majestuosos Alpes, ofrece numerosos atractivos, en especial para los aficionados a los deportes, la cultura y para los más jóvenes.
El palacio de Nymphenburg y el Palacio Residencial traen a la memoria la figura de Luis II, el Rey Loco; la Hofbräuhaus es la cervecería más famosa de toda Alemania y tomar una jarra en ella es como tomarla en el paraíso de los cerveceros.
El Jardín Inglés es el respiro a tanta actividad y auténtico pulmón verde de la ciudad, y uno de los más hermosos y grandes de Alemania.
Lugares que pueden considerarse puntos de encuentro casi obligatorio son Marienplatz (todo el mundo se cita aquí) o Königsplatz, que Luis I ordenó construir en una interpretación muy libre de la Acrópolis de Atenas. Pero si hay una silueta familiar esa es la de las torres de la Catedral, gótica y con unas peculiares cúpulas.