El Gran Ducado de Luxemburgo, uno de los estados soberanos más pequeños de Europa, suele pasarse por alto. La capital Luxemburgo, es un conocido centro de finanzas internacional, pero detrás de la fachada moderna de la ciudad descansa una rica historia que se remonta más de 1.000 años atrás.
Aunque la ciudad de Luxemburgo no puede medirse con las grandes metrópolis europeas, lejos está se ser falta de encanto o de interés para un turista.
Pasearse a través de las estrechas callejuelas de la vieja ciudad, por el Valle de la Petrusse o por la ciudad baja, por encima de los viejos puente y bajo las torres del vigía, a lo largo de los muros de la fortificación y por las ruinas de una de las más poderosas fortalezas de Europa o por las Casamates; unas redes de galerías subterráneas excavadas en la roca. Estas sirvieron de refugio a la población durante los asedios a la ciudad.
La ciudad de Luxemburgo disfruta de un magnífico emplazamiento en los alto de varias colinas y acantilados que se elevan sobre los valles del Alzette y del Pétrusse. Creció en torno a un castillo, erigido sobre un promontorio rocoso, conocido como Rocher du Rock, en el año 963. El castillo fue destruido a finales del siglo XIX por los ciudadanos, pero todavía se conservan fortificaciones añadidas a lo largo de los siglos, entre ellas las Casamatas de Bocky Pétrusse.
Estos sistemas de galerías defensivas subterráneas del siglo XVII no sólo proporcionaban cobijo a soldados, sino que también albergaban talleres artesanales, cocinas, panaderías y mataderos. La Crypte Archéologique du Bock ofrece muestras audiovisuales que explican la historia de estas fortificaciones.
Pero Luxemburgo también ha sido una ciudad de lujos, y para lujos no deje de visitar El Palais Grand Ducal o Palacio de los Grandes Duques; ha sido la residencia oficial de la familia real desde 1890. Las partes más antiguas del edificio, en su origen el ayuntamiento de la ciudad datan de la segunda mitad del siglo XVI. Cerca, la Catedral de Notre-Dame se inició en 1613. En el interior alberga una bella galería de órgano barroca de Daniel Muller.
Pero para conocer el verdadero Luxemburgo hay que perderse por las calles comerciales, por los bulevares, por las plazas animadas de la ciudad o por los parques tranquilos y acogedores.
Saborear la atmósfera en la terraza de un café o degustar los placeres de la cocina en uno de los numerosos restaurantes de la ciudad.
Visitar los museos, ir a conciertos, al teatro o incluso mezclarse por la noche con los nativos en locales tradicionales o de moda. Luxemburgo es una ciudad de arte con dos museos dignos de visitar: el Museo Nacional de Arte y de Historia, con una buna sección de arqueología y una colección de escultura y pintura antigua y moderna y el Museo de Historia de la Villa de Luxemburgo.
En su gran diversidad la ciudad de Luxemburgo ofrece a los visitantes todas las ventajas de una capital sin los inconvenientes de una gran ciudad.
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