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Concurso de Relato de Viajes - Marruecos - Marrakesh

 

Un viaje a lo más profundo de los sentidos!

Ya toda la organización fue de lujo a pesar de la preocupación por la operación de Julito. Las chicas se quedarían en lo de Sol con Pablo y sus tres varones, Edu estaba en Italia, así que supermercado para entregar las chicas con comida, bolsos con ropa de colegio, deportes, coro, organización de idas y venidas, horarios. Ale llevaría, Vir traería, Daisy stand by y Angeles ahí por si las moscas. Pablito muy tranqui y sereno, nosotras fascinadas! El bolsito, uno entre las dos con cuatro camisetas y dos jeans. Partimos a Madrid vía Mahón y desde allí directo a Marrakesh!!! El domingo ya estábamos recibiendo un té de bienvenida en una sala que no le envidiaría nada a la mezquita más aclamada. Tallas en la madera, pintura detallada, cojines, sedas, cristales, artesanía pura. El té marroquain, le llaman el whisky, aludiendo a su prohibición de tomar alcohol pero tomándolo como nuestra costumbre de honrar al invitado con un trago, es un manjar. Se puede hacer de dos maneras, una, la más rica, se hierve agua y a su primera ebullición, se pone en la tetera en la que previamente se pone el té verde seco con mucha azúcar, mucha de verdad! Cuando está, se pasa tres veces de una tetera a otra y luego queda en la primera a la que se le agrega un buen ramillete de menta o hierbabuena, cuando digo buen, es buen, importante en cantidad. El té se escancia, es decir, se sirve colocando la tetera lejos del vasito de vidrio pequeñito que se compra para tal uso, y así el té servido, queda como con espumita, como la sidra asturiana! Es realmente muy rico, y dicen que en invierno calienta y en verano refresca, como nuestro mate.

Dejamos nuestro petit bolso y partimos luego de escuchar a Sahid, nuestro guía, rumbo al souk. La primera recomendación es saludar siempre con Salam Alecom, algo así como la paz sea contigo y el otro responde, Alecom Salam, hasta el saludo es emotivo y profundo. Hablan todos en árabe, cada uno en su dialecto de acuerdo al grupo étnico al que pertenezcan, hay tres, bereberes, touaregs y marroquíes. Los primeros son los de la montaña, los segundos los del desierto y los últimos los de los pueblos. Cada grupo por supuesto tiene su propia subdivisión, los bereberes si son del bajo, medio o alto Atlas, la cadena montañosa de Marruecos, los del desierto si son del este, oeste o centro y los marroquies, de acuerdo a cada ciudad, Fez, Rabat, Casablanca, Tanger o Marrakesh. Como fueron colonia francesa durante siglos, casi todos hablan francés!!! muy poquitos español, y casi ninguno inglés. Hay detalles a tener en cuenta, viven del turismo, nos cuidan como si fuésemos de oro, jamás una falta de respeto, jamás un descuido, al revés, son seductores natos, te hacen sentir una reina, todo se negocia, se regatea, todo es un lujo para los sentidos pero no hay que dejar de pensar que estamos en una cultura totalmente diferente a la nuestra. De su época de colonia francesa quedó la prohibición a los no musulmanes de entrar a las mezquitas, y aunque nos da mucha pena, creo que es respetable. En Irán, Turquía, y otros países musulmanes no es así. Los franceses lo hicieron por seguridad, para evitar que los que no creyeran pudieran faltar el respeto a los que sí, pero ellos dicen ahora que es un lugar sagrado para ellos, van a rezar cinco veces por día y para ello, ni bien entrar, dejan sus zapatos, se lavan los pies, las manos y la cara con la que finalmente besan el suelo en dirección a La Meca, tienen prohibido el alcohol y hay un ambiente solemne, como en nuestras iglesias. Es entendible. Aquí en Europa, es habitual ver turistas con faldas muy cortitas, escotes exagerados, gente hablando, riendo mientras admiran la arquitectura o las obras de arte de una iglesia. Y también es verdad, que cuando se puede, se limita la entrada de turistas durante las misas. No hay que dejar de tener en cuenta que pertenecemos a culturas muy diferentes y asimilar lo distinto como nuevo y enriquecedor.

Desde los minaretes, la torre mayor que hay en cada mezquita, el muezzli los llama a rezar con altoparlantes, cantando en árabe algo así como Alá, nos llama a rezar. Es lindo escuchar el llamado y se repite cinco veces al día. Cada rezo es de diez minutos más o menos. Se escucha desde todos lados y es impresionante ver como las calles se vacían y van entrando en silencio y en fila. Los hombres por un lado y las mujeres por otro. En general todas las mujeres usan la djillaba o el cafetan, y tienen pañuelo o velo en la cabeza, pero no en la cara. Algunas, las más radicales, no dejan nada al descubierto, guantes y calcetines negros, velo y sobre la línea de los ojos que es lo único que queda casi al descubierto, se tapan como con un tul negro. Son las menos, las mujeres trabajan fuera de casa pero hay una gran mayoría que lo hacen desde sus casas, es decir, son claves en la organización social pero lo hacen sin que se note demasiado. Uno camina por la ciudad y ve gente feliz, solidaria, alegre, calma, relajada, nunca hemos vivido en un peor caos de coches, bicis, motitos, burros, gente caminando, es horroroso conducir por allí. No hay reglas. Sólo el balak, balak, que sería nuestro paso, paso y que te obliga a ir haciendo malabarismos al caminar y esquivando gente y animales. No hay perros por la calle, sí gatos, que también pueden entrar a las mezquitas porque son limpios!

Si se chocan, no se pelean ni se insultan, se miran, se disculpan y continúan. Vimos muchos hombres caminar de la mano, y es lindísimo, no son gays, son amigos! Muchos viejitos conducidos de la mano por jóvenes! Te guían, te llevan, te toman de la mano y se encaminan por donde sea. Lo hacen por buenos aunque en general intentan venderte algo. Es más fuerte que ellos, son comerciantes natos. Son artesanos, son el equilibrio justo entre hombre y naturaleza, todo se usa, todo se recicla. La Place Djmaar El Fnar es una enorme plaza de cemento adentro de la Medina. En cada ciudad está la Medina rodeada y protegida por la muralla medieval. La plaza queda vacía sólo de madrugada, a la mañana llegan los carros que venden zumos de naranja natural, al medio día las mujeres que pintan con henna, a la tarde van llegando saltimbanquis, contadores de cuentos, brujos médicos que enseñan a los hombres los artes amatorios y anatomía específica y venden el viagra natural. Los aguateros del Atlas, los hombres con sus monos, los encantadores de serpientes, los músicos étnicos con las bailarinas de la danza del vientre, las vendedoras de cestas y finalmente a la tardecita, los carritos de hierro forjado espectaculares con la comida. PInchos morunos, cabezas de cordero, potages, kebabs, pescaditos, todo es un aroma embriagador, un humo que te nubla la vista y un griterío llamando la atención de los hambrientos. Uno se sienta en unas mesitas alrededor de los cocineros, son largas y finitas y el humo en general no te deja ver nada. Te sientas al lado de turistas pero más de la gente de allí, ellos salen todos los días en verano, es una fiesta permanente, todos te hablan, muy respetuosos, te preguntan de dónde eres y siempre tienen un comentario agradecido. Me pasó que una vez, siempre diciendo que vivimos en España pero somos argentinas, digo, sí, Maradona, y me miran y me dicen, y Jorge Luis Borges! Es muy bohemio. Claro, En la plaza entrará un diez por ciento de la gente de la ciudad, el resto ni llega a la plaza, ir es un lujo que no se pueden permitir.

Como siempre, hay una riqueza ilimitada, con un nivel de arquitectura, cultura y standard de vida altísimo, muy afrancesado y mucha pobreza, pero digna y artesana. Percibimos gente feliz! La moneda es el dirham y se puede pagar con euros pero no con moneditas pequeñas, nadie las quiere. Las callecitas del souk son una maravilla, y no dan los sentidos para captar semejante cantidad de sensaciones. Las especias y las hierbas se venden todas expuestas en forma cónica, y los colores siempre los de la tierra. Aquí lo único que existe de plástico son las gomas de los coches y con ellas hacen baldes, marcos para fotos, palanganas, suelas de babuchas. Los dulces son manjares, dulcísimos, almizcle, miel, almendras, dátiles, azúcar, pasas. El souk está dividido por zonas artesanas. La de los herreros, el cuero, el vidrio, las telas, las alfombras, el barro, las especias, la farmacia.

En general se termina pagando la tercera parte del precio primero. Puedes tomar un petit taxi, para dos personas, un grand taxi para cuatro o cinco, una calèche, que es el carro con caballos, caminar, alquilar una bici, una motito o un señor con un burro para que te lleve los bártulos. La comida típica es el cous cous, pero es más de fiesta. La otra es el tajine, otro manjar que se prepara en un recipiente cónico de barro y no es más que cordero con verduras y sus especias manjáricas. La comida es realmente manjarosa, muy diferente, muy especiada. Se come con la mano y en todos los bolichitos de comida, hay un petit lavabo o un recipiente con una pava con agua! Los baños, salvo en lugares muy buenos y en los hoteles, son excusados y tienen un grifo con un baldecito para enjuagar. De más está decir que debido a la falta de costumbre, en más de una oportunidad hemos terminado hechas pipís hasta la cabeza! La Palmeriae, es un oasis! Es un palmeral al lado de la ciudad, hoy hay golf con un hotel impresionante, las mejores casas de Marrakesh, alucinantes y los camellos. Un día, contratamos a un camarero del hotel para que nos llevase en su auto a Essaouira, la playa más cercana. Es un puerto encantador, todo en azul y blanco, cada ciudad tiene su color predominante, Marrakesh el rojo, Casablanca el blanco, Fez el azul... De acuerdo a los minerales que haya por la zona. Es el paraíso surfero de Marruecos. Si bien todos los souks son parecidos, cada uno imprime su diferencia y sus exlusividades de acuerdo a la ocupación de los habitantes, el de Essaoiura está basado en el mar y es divino. Yendo, nos metimos en los souks de los pueblitos pequeños que están al paso y que ni bien entrar te topas con el parking... de burros. Claro, los pueblos son muy pobres y no existen los coches, sólo burros y bicis. Una maravilla las cosas que venden.

Otro día partimos hacia el predesierto. Atravesamos los Atlas, es divino pero un tanto duro, camino de montaña muy cerrado y se llega a los 2620 metros de altura sobre el nivel del mar. Cualquier movimiento son cuatro o cinco horas de conducción. Vale la pena, porque allí están todas las aldeas bereberes, edificadas sobre las laderas de la montaña, se mimetizan con el paisaje, un desprevenido las pasaría por alto! Hay varias kasbahs abandonadas por el camino, ojalá que pronto dejen de estarlo. Son patrimonio de la humanidad y una belleza arquitectónica. En la montaña las mujeres transportan la paja con la que dan de comer a sus animales y son verdaderas mulas ambulantes. Allí comienzan a aparecer los touaregs, los nómades del desierto. Están vestidos de azul, creo que es el traje típico más bonito de todos, y sus capas de kilims, alucinantes. Sus haimas forman las caravanas del desierto y en los pueblos cercanos, venden y truecan todas sus mercancías. Aún siguen siendo nómades, aunque muchos están instalados en Ouarzazet, la ciudad más importante antes del desierto.

Hasta aquí llegamos, la próxima es directo al desierto! Un detalle, estuvimos en un hamman, no todas las casas de Marruecos tienen baños propios para darse una ducha, así que por costumbre, son limpitos, existen los baños públicos que se llaman hamman, es además el lugar de intercambio cultural y social para hombres y mujeres por separado. En ninguno se puede estar desnudo pero en todos te hacen masajes, gommage, sauna, vapores, frío, aromaterapia... Es una maravilla. Todo es muy tranquilo, muy relajado, muy ordenado dentro de un desorden natural. Volvimos cargadas!!! Por ejemplo nos compramos un tajine de barro cada una, el más grande que pudimos traer, con su base para el carbón, es una maravilla. El día de mi cumple ya lo estrenamos y salió perfecto! Especias, cosas de la farmacia, detalles. El souk es un delirio constante de gente que se mueve, es algo impresionante pero un día, estábamos con Sol decidiendo por donde seguir nuestro camino y analizando qué calle tomar, y ahí estábamos cuando uno de los vendedores del lugar nos mira y nos dice al medio de la callecita, no, non, vous n'avez pas passé par ici, vous devez aller pour là! Ahí nos empezamos a reir, porque hasta nos tenían controladas. Al principio es un tanto agotador tener que regatear absolutamente todo lo que te interesa comprar, pero luego uno aprende, y si no te interesa, directamente dices enérgicamente merci y continúas viaje sin mirar, y si te interesa regatear, directamente dices lo que te parece pagar y a la pri que no estás de acuerdo, te vas... A veces te siguen, te ruegan, es divertido... Jamas vivimos ninguna situación de riesgo, de mala onda, de nada, siempre respeto, impecables. Son seductores, otro día nos dejaron unas rosas en el parabrisas del coche con el nombre y el fono de un tal con el cartelito de bon voyage! A mi me decían si era berebere y a Sol touareg, y nos llamaban Fátima y Aisha, dos nombres típicos de allí.
Fue espectacular poder mezclarnos, comer como y con ellos, pasear por sus lugares y compartir muchos momentos de sus vidas.

Ah! las carnicerías tienen trapos blancos colgados en sus entradas, para espantar a las moscas, pero en los souks, venden los animales vivos, una manera perfecta de garantizar su frescura, uno lo elige y lo pesan vivo, si quieres lo sacrifican allí mismo, no delante de uno, y si no partes a tu casa con el bicho vivo. Comen una ensalada parecida a nuestro trampò de Mallorca, pero con cebolla violeta y cortada en fina juliana, igual que el tomate y el pimineto verde, en bastoncitos finos. Aquí, se corta todo en cubitos pequeñitos. Las olivas y los dátiles por doquier y con miles de variantes. Después comen unas tortitas hechas por las mujeres en la calle, son de harina, se hacen a la plancha como crepes, sobre aceite de argan, encima se les pone queso y miel. Riquísimas! y los kebabs, son con un pan muy finito, no como los comemos en Mallorca, y puros de cordero, mucho más ricos que aquí. No hemos visto comer queso a nadie, y sólo una variedad en todos nuestros días. El argan es el árbol típico de allí, muy bonito, con una copa que pareciera que cayera, allí se suben las ovejas para comer su fruto, parecido a la almendra y con la que se hace el aceite de argán, carísimo pero que todos toman. Tiene un gusto similar al sésamo, y siempre lo venden en dos calidades, una de primera prensión en frío para comer y otra para hacer masajes. Es muy rico. estoy un tanto desordenada con el relato y me parece que olvido algo, lo dejo hasta... los riad... que maravilla, son los palacetes de los moros, com dice el refrán, la casa del moro por fuera nada y por dentro todo. Son los antiguos palacetes de la medina, por fuera, una puertita pequeña y sin ventanas, por dentro, jardines, piscinas, habitaciones y más habitaciones, una déco que te deja sin palabras y un servicio muy mimado.

Bueno, si me olvidé...ya no lo recuerdo, por ahora envío esto, quiero compartirlo, fuimos muy felices disfrutándolo!!!

Carolina Carreras Luppi

 


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