Turisteando por Bélgica
Encantadora es la palabra que encaja cuando trato de describir a la Plaza Principal, la Plaza Central de Bruselas, la capital de Bélgica. Cuando trato de describir las callecitas, los cafés, las tiendas y a las tienditas, a la gente sonriente y a la otra gente, esta vez adusta y con rostros blanquecinos. Más bien caras con tonos pálidos que sonrojados; cuando se observa la vida cotidiana, el vestir, el fumar, el sabor de sus habitantes, todo dentro de nuestro rápido pero vibrante recorrido por cuatro países de Europa. Era “la” excursión de nuestras vidas. Nuestro Agente de Viajes, nos recomendó viajar mediante una excursión armada, en donde se aprovecha más por menos, más bueno, bonito y más barato.
La expectación era enorme cuando nos aproximábamos a descubrir al “símbolo” de los belgas. País pequeño, ordenado y próspero; albergue del Centro Financiero más importante del Euro-Mundo. Esta visita, no era guiada. De turistas, nos convertíamos de pronto en viajeros. El paseo en esta mañana era por nuestra cuenta y a pie.
No teníamos guía y era nuestro día libre en una apretada excursión que nos levantaba al alba y nos despedía … al alba (el sueño era para los que no querían ver “todo” y nosotros de preferencia no pestañeábamos). Nos sentíamos como lugareños recorriendo esas calles tan bellas, perfectamente empedradas , piedras, ya pulidas por el andar de los automóviles y de los peatones. Es “su” pavimento piedras-lozas perfectamente alineadas, haciendo las avenidas, banquetas y calles, sobre las que caminábamos felices, felicísísimos hacia la estatua del celebérrimo “MANEKEN PIS”.
Tanto lo habíamos visto en películas, en propaganda turística, en relatos, en fotografías, en souvenirs, que irse de esta ciudad de cuento sin verle de tú a tú, era dejar inconcluso el último párrafo de nuestro capítulo Turisteando por Bélgica. De viajeros no teníamos nada. Eramos la esencia de quien visita todas las tiendas, todos los cafecitos, todas las tabernas, todas las plazas centrales, la esencia del grupito que todo lo paga: la cucharita, el platito, el llaverito y camina y camina (a veces a pie a veces en Turibus) para ver aunque sea sólo de pasadita, la Catedral, las torres, los edificios, las casas , los monumentos y lo demás. Somos de los que compramos “postales” y sacamos fotografías (que ahora son las que enviamos vía la Internet, como postales).
Es una fuente. No: Es una estatua. No. Es un monumento… no, no, no : es lo que en realidad le dá el toque distintivo, digamos el logotipo a la bella, bellísima Bruselas. Es más no sólo a la capital belga sino a todo el país.
Llegamos al fin. ¡Ah! Ahí está el “MANEKEN PIS”. Incrustado en una esquina. En la esquina más famosa de ese hermoso país; ¡sorpresa! es una fuentecita pequeñita, con un “Manekencito” de apenas uno cincuenta centímetros de alto. De su petit… petit, sale un arqueado chorrillo de agua, que cae en la encantadora fuentecita receptora. Es todo un caso. Todo un personaje. Toda una historia. Ya le vimos, ya nos fuimos.
Tranquilos emprendimos nuevamente nuestro caminar. Dichosos porque habíamos visto, por fin de cerca al “Maneken”; continuamos nuestro andar y nos detuvimos en las tienditas, en donde los aparadores son la versión fina de lo más delicado: llenas las vitrinas de encajes hechos a mano, de todos tipos, dibujos, tonos y consistencias. El arte de hacer arte con el hilo, la hilaza, la aguja y la destreza de las manos… los encajes de Bruselas. La belleza que faltaba para “encajarnos” en nuestras memorias turisteras a una magnífica Bélgica dentro de un lugar especial en el intrincado “encaje” arterial de nuestros corazones.
MARTHA LANEWS
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