Es Cierto: Teruel Existe
Acudíamos por enésima vez al pediatra con Esteban que tenía 7 meses. Era un niño risueño. Desde que nació había tenido continuas bronquitis espásticas de repetición. Era un círculo vicioso: fluidasa, ventolín, antibiótico, semana de descanso y bronquitis de nuevo. Como tenía 3 hermanos siempre estaba alguno enfermo y le contagiaba la enfermedad. Siempre estaba muy paliducho. Su madre se lo comentó al pediatra. Este le dijo que podía intentar ir a “montaña alta “por encima de 1000 metros.Hay médicos que dicen que va bien el cambio de aires por un tiempo de un mes –comentó el doctor no muy convencido- . El también estaba agobiado con este niño que no terminaba de medrar. Luisa quería que el niño sanara como fuera y estaba dispuesta a cualquier sacrificio .Ya no sabia que hacer ni a quien acudir.
Luisa vivía en una ciudad pequeña. Le gustaba ir a ferias. Un viernes se convocó una de Turismo rural bajo el lema “Teruel existe “. Fue a dar un paseo para ver que encontraba. Consiguió un libro “Andar por la Sierra de Gúdar” con fotos preciosas de paisajes: ramilletes de manzanilla, amapolas, praderas multicolores y pinos gruesos con hoja tupida y color verde oliva, por un instante se pudo imaginar el olor a monte .Había también fotos y direcciones de casa para alquilar. Tenía muchos amigos que habían inmigrado de Teruel a su ciudad, pero siempre minimizaban su tierra ¿cómo es tu pueblo? – les preguntaba Luisa - . “Muy pequeño” -contestaban la mayoría- , “en la ciudad se vive mejor. Allí no hay ni trabajo ni diversión”.
Luisa con esa copla se había quedado. Se fijo que el libro tenía fotos impresionantes: cascadas de ríos, fuentes, los pueblos que representaban un anclaje en el pasado como si se hubiera detenido el tiempo, senderos, abruptos barrancos, paisajes que hacían pensar........
Convenció a su marido. Por probar no tenemos nada que perder – dijo sin dudar- . Decidieron alquilar una casita en un pueblo “Linares de Mora “. Un apartamento con cocina-comedor, dos habitaciones y un baño. Coqueto, aseado y a un precio asequible. Cuando Martín fue a verlo, le soprendieron metros y metros de cable rodeando las amplias zonas de pinadas “es el pastor “ -le dijeron-. Cuida del ganado y así sabemos con certeza donde está.
Esteban siguió con sus fiebres y sus bronquitis hasta principios de agosto. En Linares ese año llovía casi todos los días. Le comentaron que en zona montañosa había “nubes de evolución” nubes que van haciéndose espesas y uniéndose, hasta llegar a causar grandes tormentas con abundante aparato eléctrico.
Subieron un viernes al pueblo con una furgoneta Renault Express tan super-cargadita de cosas que Luisa pensaba que si volcaba el coche no les encontrarían. Subían montaña despacito Llegaron a Linares de Mora, pequeño pueblo situado en las laderas de un cerro. Un portalico precioso y bien conservado les dio la bienvenida. El cielo era de un azul intenso, precioso. Habia una fuente con 3 caños y una mujer de una masía que estaba lavando la ropa en el lavadero, les echó una mirada de arriba abajo.
Cuando Luisa comenzó la aventura de deshacer el equipaje con niños de 4 años, 3 años y 7 meses, vino el vecino a presentarse : - Hola soy Jerónimo - .Era un hombre de unos 70 años con cara de buena persona. - Vivo en el piso de arriba con mi esposa Rosa y vengo a conoceros. Si necesitáis algo no teneis más que pedirlo- . ¿Todos estos niños son tuyos? –preguntó- Estarás entretenida – afirmó- .
Una vez hubieron colocado un poco el equipaje fueron a dar un pequeño paseo. En la pradera había vacas. Una tenía un pequeño ternerito, Cris de 4 años se acercó a tocarlo, ¡Y la vaca comenzó a correr detrás de nosotros¡ Cris con su ramo de flores que iba perdiendo en la olímpica carrera y nosotros con dos niños a cuestas hacíamos lo que podíamos. Menos mal que el animal se cansó y cejó en su empeño. Cuando muchas veces recordamos esta anécdota no podemos menos que sonreir a pesar del susto.
Fuimos a un pequeño río, situado en las afueras del pueblo .Nos podíamos bañar en él. Tenía una pequeña cascadita .El ruido de sus aguas era una música relajante, de esas que ponen para preparación al parto: pajaritos, agua, etc. Nos bañamos en él y
¡ el agua estaba helada¡, pero nos dejó el cuerpo como nuevo. Enfrente del río había una casa antigua grande “casa Corella “ Luisa se enamoró de ella y pensó que si algún día se saneaba la economía doméstica la compraría. Un milagro si pensamos en la hipoteca, el coche, parvulario, intendencia de la casa, y demás gastos imprevisibles, etc. Sería un sueño poder comprarla y restaurarla ¡ Que dificil¡, pero la vida da las vueltas necesarias e insospechadas y jamás debemos renunciar a nuestros sueños . Se lo comentó a Martín. El alucinó ¿de veras prefieres esto que un apartamento en la playa?
¡Que dices ¡ - replicó ella- . En mi opinión no hay color.
Hicimos buenos propósitos en invierno por ejemplo hacer deporte durante las vacaciones. Fuimos a comprar raquetas para principiantes y pasábamos buenos ratos en el polideportivo del pueblo. Nos dimos cuenta de que teníamos un público que no nos quitaba ojo de encima. ¡Era un rebaño que ovejas¡ controlaban cómo iban los sets y las incidencias del partido. Siempre salían del corral cuando empezaba el encuentro. Teníamos un público cuanto menos original
Cominos los platos típicos: migas, ternasco, churrasco, las deliciosas cuajadas, etc.......todo regado con buen vino de la tierra
La panadería estaba en la parte alta del pueblo había que subir cuesta y recorrer una distancia considerable. Me iba con mi hijo Rubén de dos años a comprar pan y pastas caseras. Todos los días hacíamos el mismo recorrido. Acabábamos agotados. Había ancianas por supuesto más ágiles que nosotros. Nos ganaban y algún día nos quedamos sin pan.
Martín consiguió en una feria del libro un mapa del ejército. Ayudado por Jerónimo que conocía la zona de Valdelinares, trazaron rutas sendas y caminos de pequeño recorrido para explorar la zona. Para las excursiones disponíamos de una pequeña brújula
Todos los días comíamos en alguna fuente puesto que había bastantes merenderos en la zona. Los niños disfrutaban y nosotros también, aunque no parábamos. Comprábamos merienda muchas veces en la panadería de Puertomingalvo, pizzas buenísimas, caseras, exquisitas. Adelgazamos a pesar de lo que comíamos, porque queríamos conocerlo todo. La zona era tan preciosa que nos iba seduciendo, como cuando estás enganchado a algo: a tu novia, a la droga, a la tele, al móvil....... No puedes pasar sin eso y necesitas más. Si había tormenta por una zona íbamos a otra y así pasábamos el día. Nos acostábamos tarde y siempre salíamos de casa a las 12:00 horas volvíamos a las 20:00 horas más ó menos. A las 00:00 nos retirábamos para descansar.
Los vecinos fueron acercándose y nos ofrecieron parrillas y utensilios para hacer barbacoas cuando venían a visitarnos nuestros amigos. En una ocasión fuimos al pino del Escobón. Un pino con forma de Escoba enorme muy conocido en la zona. Se han de dar unas cuantas vueltas al árbol y pedir deseos (creo que son 3) los lugareños dicen que se cumplen
Comenzamos a hacer una barbacoa. Cuando la carne estuvo hecha, las ensaladas, el picoteo y las mesas preparadas, empezó a llover con ganas y se desató una tormenta de las buenas. Ni que decir tiene que no cominos nada ¿esta zona y este clima os gusta? ¡Que raros¡ comentaron alucinados nuestros amigos
Fuimos a Castelvispal pequeño pueblo casi deshabitado, andando. En el camino había comadrejas, moras y vegetación en estado puro, salvaje. Martín descubrió un sitio de dónde surgía agua de la roca, lo denominó “fuente de Martín.” Posteriormente todos los años iba a controlar como iba su descubrimiento. El cielo lo surcaban águilas, su vuelo es algo alucinante, como planean. El control del mismo que tienen. Los niños se soprendieron porque les mostramos una que llevaba en su pico una serpiente. ¿sólo cazan animales, verdad? -podeís estar tranquilos-, le contestó Martín a Rubén
Mari Carmen nos invitó a la masía de sus padres entre Linares y Valdelinares. El camino discurrió con un todoterreno de su marido, por una pista insufrible. La masía tenía una antiguedad de unos 500 años. Nuestros hijos vieron que no hacen falta muchas cosas para vivir sencillamente: Se puede cocinar con leña, estar con una placa solar y cuando se hace de noche, a dormir. Tenían enormes áreas de pinadas con ganado .El pino de esta zona es tupido y con las hojas gruesas, color verde aceituna. Nos hicimos unas fotos con unas vacas “amigables” no eran como las del primer día afortunadamente. Una se puso de parto y los niños vieron como nacía un ternerito. Fué para ellos una experiencia inolvidable .El agua que utilizaban para todo la sacaban de un pozo. Fué una jornada maravillosa
Durante nuestro viaje sospeché que estaba embarazada. Fuí al médico a Mosqueruela ¡ y tardaron una semana en darme el resultado porque tenían que mandarlo a Teruel ¡ Fue positivo, cosa que ya sabía, porque sufría un retraso de 15 días. El médico no comentó nada al ver que era nuestro cuarto hijo. Lo fuimos a celebrar al mejor restaurante de la zona. Los niños estaban muy contentos
Me olvidaba de las fiestas del pueblo. Toros y baile. Disfrutamos mucho con la disco móvil y el concurso de jotas.
Fuimos al Molinete, una ruta que por no hacerla mucha gente está llena de vegetación y parecíamos un poco exploradores. Los niños disfrutaban a cada paso que daban con sus nuevos descubrimientos: truchas, saltamontes, zonas del río en las cuales podían bañarse, todo era novedad. Cada día era más de lo mismo, pero sarna con gusto no pica. Todos estábamos encantados.
Las tiendas eran escasas, no como en la ciudad. Disfrutábamos tanto que hacíamos las comidas cuando nos venía bien y con lo que teníamos. Ya nos alimentaríamos bien con el ritmo normal de la ciudad, veníamos que se acababan los días queríamos abarcarlo todo, conocerlo todo, cada rincón de aquel paraíso y se nos acababa el tiempo......
A Esteban le iba cambiando el color de la cara. Se le pusieron las mejillas sonrosadas. .Desapareció la palidez y el mal color. Dejamos de darle medicación. No cogió ni un resfriado y eso que el agua del río estaba helada. Le desapareció la temperatura nada más llegar a Linares y se mantuvo así todo el mes.
A finales de Agosto empezó a llover con fuerza. Todos los días. Yo olvidé los pantalones largos de Martín, y realmente los añoró con razón, pero veía que los estábamos pasando genial, mucho mejor de lo que esperábamos y que esta aventura turolense tocaba casi su fín. Aguantó como pudo. Le estoy muy agradecida
Nos despedimos de nuestros vecinos y amigos hasta el año siguiente. Cuando las abuelas vieron a Esteban no lo reconocían. Se alegraron mucho y gozaron al ver a un niño risueño, gordito, sano y con buen color. Cuando marchamos tenían reparos de que no nos quedáramos en la ciudad. Se dieron cuenta de los hechos, que no mentían y exclamaron ¡ Es cierto: verdaderamente Teruel existe y es un paraíso por descubrir ¡.
ABRIL 83
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