Madeira: Jardín Flotante
Por fin nos decidimos a realizar este maravilloso viaje, al jardín flotante o Isla de Madeira (Portugal). Lo primero que nos impresiono de Madeira (y no habíamos puesto aun los pies en ella) fue como el avión iba a aterrizar en una pista de tan limitado perímetro, menos mal que, como el vino de Madeira, sorprende a los no familiarizados. Madeira se encuentra en el Océano Atlántico a 990 km. al suroeste de Lisboa. Madeira es un grupo de islas que comprenden la gran isla de Madeira, la pequeña isla de Porto Santo y tres islotes deshabitados: Ilheu Chao, Deserta Grande e Ilheu de Bugio. Las islas presentan muchas colinas de origen volcánico y la costa es rocosa y abrupta con muchos desfiladeros de lava que van al mar. Su origen volcánico se puede ver en el interior que es bastante montañoso y con corrientes de lava que se pierden en los acantilados del litoral
Muy pronto nos encontramos alojados en la Capital, Funchal, único lugar de la isla donde están los hoteles y el turismo, fuera de ella Madeira es imaginable, incomparable, con una vida discreta, campesina y delicada, al mismo tiempo admirable y de ensueño.
De Funchal no se puede uno olvidar del bello y dulce jardín de Sta. Catalina, la pintoresca Plaça do Monicipio, el Sé (Catedral del siglo XV); la Quinta das Cruzes y el Museu de Arte Sacra. Además se pueden visitar la Casa de los Vinos y probar los caldos locales, Los vinos de Madeira son muy conocidos, entre ellos se encuentran el Malvasia, un vino muy dulce, bual y sercea que son vinos secos.
No olvidar el curioso Mercado de los Labradores, donde están las primeras frutas y verduras exóticas, así como la especialidad de la Isla, el pez espada, que mide un metro de longitud y que vive en grandes profundidades, solo se captura en Madeira y Japón, con sus grandes ojos y afilados dientes, parece poco apetitoso, pero es un autentico manjar, por cierto en este mercado las vendedoras de flores (flores a cientos y una exquisita variedad) van encaramadas con el traje tradicional de la isla, conservando la autenticidad del carácter acogedor y entrañable, dándole un colorido incomparable al mercado, espectacular sin duda.
No irse de la isla sin disfrutar del autentico sabor de los platos típicos como son: la sopa de tomate e cebola (sopa de tomate y cebolla), caldeirada (sopa de pescado), bife de atum e milho frito (atún con maíz frito) carne em vinha d'alho (puerco agridulce con ajo), espetada (plato hecho a base de pescado fresco) y bolo de mel (pastel de miel de Madeira) todo un lujo y placer para el paladar.
El jardín botánico es, todo él, un monumento, con infinidad de matices. Por supuesto estuvimos en Santana, un pueblo que ofrece a los visitantes, las ultimas casa típicas de la Isla, vamos, de armonía solemne con la espesa vegetación. No hay que olvidar el único jardín de Europa dedicado a las orquídeas.
A diez km. De Funchal, esta Camacha, cuajado de bosques compactos de álamos. Pero realmente donde te olvidas de donde estas es en Ponta de Sâo Lourenço, escarpados e inaccesibles acantilados con gaviotas y alcatraces. No se trata de descubrirlo al azahar hay que saborearlo. Por cierto, si se quiere disfrutar de un día de playa, en Madeira desde luego no será, hay que trasladarse a otra isla cercana llamada Porto Santo. En la carretera de Seiral, hay tramos de lo más excitante, en varios puntos el agua de los riscos cae sobre la carretera, atravesando un autentico paraíso de cascadas de agua, fabuloso. Como no puedo decirle adiós a esta isla: OBRIGADO MADEIRA.
Luis Monforte Martinez
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