EL GRAN RUEDO
Testigo de grandes tardes de gloria, así se levanta el gran coso madrileño de imponente aquitectura y fina estampa.Elegante y gallarda hace acopio de su empaque en plena calle Alcalá.
Estandarte de gloriosos carteles, entre claveles y abanicos contonea su figura entre tantos como la pretenden.Lujo de ladrillos, arena y cal se retuerce entre gritos, rezos y miedos, otra tarde más.
Iluminada en los atardeceres de festejo y azotada por el viento que descubre al matador de su engaño, así convalentía y tronío, aplaude los triunfos y llora los faenas frustradas de quienes esa tarde no saldrán a hombros por la puerta grande.
Sin misterios pero con el embrujo de la fiesta, abanica las embestidas del toro bravo y acompaña al trapo en su baile de muerte y nobleza.
Embebida en el bullicio torero se torna ajena a quienes no comprenden la fiesta, y se envuelve en el brillo de los trajes de luces, el colorido de las banderillas, el peso del capote, el tintineo de los mantones y el olor de la arena al batirse con el viento.
Entre verónicas, monteras y manoletinas, el redondel descubre su historia de tardes que engrandecen al toro en la lucha frente al hombre.
Como enamorado que pierde a su amada, así retorna impaciente la llegada de apasionados y curiosos, otra tarde más.
Beberá de los ecos de relinchos, olés, pasodobles y clamores e impasible ante los clarines insonoros que anuncian el valor y temple de esta fiesta, luchará a muerte contra el tiempo. Vacío de sol y sombra, oro y plata, el ruedo vuelve a palpitar ante la proeza ymilagro del anuncio de una nueva feria que va a comenzar.
Texto: Sara Santos
|