Situada a orillas del Tajo, -cuya desembocadura forma un estuario tan grande que parece el mar-, se cree que fue fundada por los fenicios en 1200 a.C. Además de ser una de las ciudades más seductoras de Europa, está en un momento álgido. A sus muchos antiguos encantos, ha añadido grandes dosis de modernidad, con nuevos edificios que serán los monumentos del mañana, y atractivos de todo tipo. Descubrir casi todos sus tesoros y secretos requiere varios viajes o, mejor, pasar allí una temporada. Este es un recorrido básico:
- Los «cais»: los viejos muelles del puerto industrial se han convertido en la zona de moda. Allí se ha hecho el flamante puerto deportivo y los antiguos almacenes se han reconvertido en restaurantes y discotecas sensacionales, de puro diseño y decoraciones fantásticas, con los ambientes y estilos más diversos.
- Parque das Naçoes: el recinto de la Expo 98, con el pabellón de los Océanos -el mayor del mundo-, con especies de todos los mares del planeta; el pabellón de Portugal -que ahora es la Feria de Lisboa- y el de los Descubrimientos; el puente do Infante, la Torre Vasco de Gama y la Estación de Alcántara, diseñada por Santiago Calatrava.
- El centro de la ciudad baja: totalmente reconstruido, después del terremoto de 1755 que asoló gran parte de la ciudad, según los planos del Marqués de Pombal: las populares y populosas plazas de Restauradores, do rossio y do Comercio, en cuyo entorno están las antiguas calles gremiales, y el elevador de Santa Justa, un ascensor con vistas construido en 1902.
- El Chiado: un barrio emblemático, cuya recontrucción, tras el incendio de 1988, ha corrido a cargo del arquitecto Alvaro Siza. Sus señas de identidad son el Museo Arqueológico -en la histórica iglesia do Carmo- y el café A Brasileira, con la estatua del célebre escritor Fernando Pessoa, su parroquiano más ilustre, que ha sido inmortalizado en bronce, sentado en uno de sus veladores.
- Bairro alto: creado en el siglo XVI, hoy es un barrio popular y bohemio lleno de vida y sabor, tiendas de diseño, restaurantes y bares de moda, con una personalidad inolvidable. No hay que perderse la calle da Atalaia, la iglesia de Sao Roque y su capilla barroca, el museo de arte sacro y los miradores de Santa Catalina y San Pedro de Alcántara, con el barrio medieval y el castillo de San Jorge enfrente.
- En torno a la Sé se extiende el barrio medieval sobre una colina. Es de obligado cumplimiento visitar la catedral fortificada –con su soberbia reja, claustro cisterciense y excavaciones-, deambular por sus callejas, contemplar la panorámica sobre el Tajo desde el mirador de Santa Luzia, ir al museo de artes decorativas y al castillo de San Jorge.
- Alfama: un barrio mítico y literario que fue moro, cristiano y marinero. Después de un pasado activo y glorioso, hoy, en franca decadencia, es un lugar para perderse y dejarse atrapar.
- El centro moderno: es el centro residencial y comercial, con grandes plazas y enormes avenidas, como la avenida da Liberdade –que se caracteriza por su arquitectura decimonónica y las tiendas de lujo, con todas las firmas internacionales-. Al fondo de ella está el Parque Eduardo VII y su célebre Estufa Fría, un invernadero impresionante lleno de plantas exóticas. También destaca la Plaza del Marqués de Pombal -con el monumento del político ilustrado-, rodeada de grandes hoteles, como el Ritz -uno de los símbolos de Lisboa-.
- Da Lapa: es el barrio diplomático, con bellas mansiones y hoteles de lujo y con encanto.
- Belém: situada en un extremo de la ciudad, en la desembocadura del río. Allí hay que verlo todo: el Monasterio de los Jerónimos y la Torre de Bélem, desde el Museo Nacional de Arqueología hasta el moderno Centro Cultural, sus iglesias, palacios y galerías, los jardines botánicos, y el embarcadero.
- Las afueras: algunos de sus grandes tesoros están fuera del centro y son de visita imprescindible. Entre otros: la Fundación Gulbenkian y sus distintas dependencias -un emporio de arte y cultura legado por el millonario armenio-, el museo Nacional de Azulejo, el acueducto das Aguas Livres y el fabuloso Palacio Fronteira, habitado por la familia Mascarenhas desde 1640.
|