Tirana es la capital de Albania desde 1920. Es tan agradable y pequeña como para recorrerla a pie. Está situada casi a mitad de camino entre Roma y Estambul, lo que se ve reflejado en su arquitectura, muy marcada por las dos culturas. Sin embargo, lo que da a Tirana un toque tan particular es la otra gran influencia: el estilo soviético.
Para explorar Tirana, se acostumbra empezar por la plaza Skënderberg en el corazón de la ciudad. A continuación, la montaña Dajti, de 1.612 metros de altura, que se ubica al este de la ciudad. Vale la pena una visita al mercado de ese lado de la capital. La ciudad cuenta también con museos, palacios y otros edificios históricos. Al sur de la ciudad, sobre la orilla del río Lana, se encuentran las blanquísimas murallas del antiguo museo Enver Hohna, el cual ahora se utiliza ocasionalmente para exhibiciones, pero parece que en un futuro será una discoteca.
La manera más económica de dormir es alquilando un departamento o en una casa particular. Antes, la elección eran los hoteles del estado, pero hoy en día, los que no cerraron se están remodelando y cobran precios excesivos. Los nuevos hoteles también son muy caros.
Para comer barato, los mejores lugares son los que se encuentran cerca de la plaza Skënderberg o en Bulevardi Dëshmorët e Kombit. A su vez, modernos bares han ido apareciendo paulatinamente.
La ciudad de Tirana no tiene desperdicio alguno. Su particular arquitectura convierte un simple paseo en toda una experiencia. Las estrellas rojas han sido quitadas de las fachadas de los edificios soviéticos. Además, la capital alberga una cantidad impresionante de museos, que exhiben el arte del país y su cultura. Una parada obligada para cualquiera que visita Albania.