Según
cuenta la historia, el primer café
se abrió en Viena tras la derrota
de los Turcos en 1683, y se establecen tal
y como los conocemos hoy en día.
El café vienés cumple diversas
funciones, aquí se puede leer la
prensa, comer algún bocadillo o tentempié
y dependiendo de las instalaciones jugar
una partida de bridge, ajedrez o billar.
Los cafés son el refugio urbano de
los vieneses a todas horas, y por esta razón
la mayoría de estos establecimientos
expenden comida y bebidas alcohólicas.
Se darán cuenta que en todos los
cafés los camareros están
de etiqueta rigurosa y es que aun se conserva
esta tradición de la época
dorada de Viena.
Existe una variedad de cafés, de
precios más solidarios, cuya especialidad
son los dulces vieneses que por cierto son
famosos y deliciosos, los Konditorein. Estos
generalmente están más llenos
que los cafés y se supone que los
clientes no se quedan tanto tiempo, pues
se ordena y se sirve en barra. La repostería
suele ser de lo mejor y el café de
gran de calidad.
El más famoso de los Konditorein,
es el Heiner (Wollzeile 9 y Karntner Strasse
21-23) cuenta con dos sucursales ambas acogedoras
para tomar un bocadillo, sus tartas son
especiales y muy imaginativas. Gestner (Karntner
Strasse 11-15) tiene una magnifica terraza
en verano. La mejor pasteleria en el distrito
de Hofburg es Lehmann (Graben 12) y cerca
del Neus Rathaus queda Sluka (Rathausplatz,
8) donde preparan pasteles par diabéticos
y tiene unas magnificas especialidades de
castañas de invierno. Por último
están los cafés de la cadena
Aida que están por todas partes y
a pesar de ser casi en serie sus productos
son buenos y baratos. Los Café Konditorein
son locales diurnos hacen horarios de mañanas
y hasta las 19h.
Café
Karlsplatz
Metro.
U1 U2 U4 y tranvía. Karlsplatz.
Ubicado en la famosa estación
diseñada por Otto Wagner en 1899,
bajo la corriente del Jugendstil, hay un
pequeño café con terraza en
el verano desde donde hay privilegiada vista
de Karlsplatz y Karlskirche.
Es el café más
antiguo de Viena, aquí actuó
Motzar en una ocasión para el público
del local. Por su localización es
un buen lugar para hacer una parada mientras
se va de compras y de visita por Stephansdom.
De imagen bohemia y ambiente
cálido ninguna visita a Viena es
completa sin una parada aquí a tomar
un café, una copa o unos bollos especiales
rellenos de mermelada (buchteln) a última
hora de la noche.
Café
Imperial
Hotel
Imperial.
Karntner Ring, 16.
Metro. U1 U2 U4 y tranvía. Karlsplatz.
Junto con el Hotel Sacher
es el más famoso del siglo XIX: Se
puede tomar un té o un café
escuchando música de piano al fondo
por un precio fuera de alcance de muchos
bolsillos. Tiene una enorme historia este
lugar aquí se alojó Richard
Wagner y Hitler colocó su cuartel
general aquí tras la Anschluss.
Junto con el Central, continua
siendo actualmente el lugar más visitado
por intelectuales locales, es un establecimiento
muy visitado por la clase media. Cubierto
de espejos y madera, resulta un lugar muy
elegante y cómodo. Abrió sus
puertas por primera vez en 1973 de la mano
de su fundador un comerciante de café
Franz Landtmann, y solía ser el lugar
favorito de Sigmund Freud. Se ofrecen menús
a la hora de la comida y pastelería
casera.
Café
Central
Palais
Ferstel, Herrengasse, 14.
Metro. U3. Herrengasse.
Según cuentan el
ensayista Peter Altenberg, no salía
de este establecimiento sino para ir a dormir.En
otro tiempo lleno de escritores y pensadores,
el Central es el café más
grande de Viena. Por la noches se puede
disfrutar de música en vivo, fabulosos
conciertos de piano a cargo de músicos
locales. La reciente restauración
ha devuelto la grandeza a este maravilloso
local que vale la pena visitar.
Café
Prückel
Stubenring,
24.
Metro. U3. Stubentor.
Abierto solo por las tardes.
Es la cuna de los jugadores
de bridge, aquí se organizan partidas
entre los mejores jugadores de Viena. Tiene
un aspecto destartalado y un ambiente muy
alegre. Es un café de barrio de Viena,
es genial visitarlo y colarse entre los
lugareños para sentir la verdadera
Viena.
Situado en el casco antiguo
de la ciudad, el Sperl tiene una clientela
fiel. Entre las que figuran muchos jóvenes
a los que les gusta jugar al billar. Hacen
unos strudels calientes que son épicos.